Del Origen o contra la Humanidad

Diciembre 25, 2008

[...] Estirpe miserable de un día, hijos del azar y de la fatiga, ¿por qué me fuerzas a decirte lo que para ti sería muy ventajoso no oír? Lo mejor de todo es totalmente inalcanzable para ti: no haber nacido, no ser, ser nada. Y lo mejor es en segundo lugar para ti: morir pronto. [...]                                                                                                        Sileno contra Midas, Apolodoro, seg. IV AC. Bibl. II, 6, 3.

¿Acaso no somos la concreción de un chorro de leche que lanza un pene enloquecido? Como si nuestra sangre no contuviera desde un principio todos los vicios de nuestros padres y sus ancestros.                                                                                                     Guillermo Fadanelli, Educar a los topos

 

 ¡Qué razón tuvo el viejo y sabio sátiro Sileno!

Estamos podridos por dentro,

caídos para siempre de la rueda eterna del Ser;

estirpe miserable de una noche y una cogida.

¡Qué importa si fue planeada y deseada!

¡Qué importa si fue furtiva y maldecida!

Somos la porquería expulsada de la carne;

nacidos de espíritus agusanados y condenados.

Hemos salido de purulentos culos, penes y vaginas;

los desgraciados e infectos hijos de puta del mundo

¿Para qué nos engendraron?

Tan sólo carne y sangre, huesos y huecos,

hermandados como unos cerdos cínicos,

peores que los perros rabiosos,

tan asquerosos como las ratas;

inmundos como las cucarachas.

Somos los pequeños buitres

que irán a degollarlos,

secuestrarlos y traficarlos,

asesinarlos y destruirlos.

Y por eso no esperen menos,

mas que los mastiquemos y escupamos,

y después de eso nos cagaremos en sus Dioses

y en la putas de nuestras madres muertas.

¡Hijos del azar y la fatiga!

Ésta es la frase que define nuestra época.

¿Y qué no acaso todas las épocas?

Serán nuestras víctimas adormiladas,

entumecidas y anesteciadas por nuestras gracias.

¡Qué el inconcebible Cosmos de todos los huevos los ilumine!

Para que despierten y se den cuenta que sólo necesitan de una cosa:

¡Huevos para aniquilarnos!


Frase olvidada

Noviembre 15, 2008

El pesimismo en el arte puede convertirse fácilmente en frivolidad. Esta frase, que he encontrado entre la larga lista de notas, citas y apuntes de los libros que leo, pertenece con seguridad a algún inspirado. No he anotado al lado de ésta – como suelo hacerlo- el libro, la página y al autor de la sentencia. Lo importante de ella es que me ha venido a la mente, como un relámpago intempestivo, la escena actual de las artes mexicanas, con toda su fanfarronería, arrogancia y nimiedad.

Es por ello que hoy dedicaré mis palabras a un genuino artista y no a esas veletas que tanto vemos en museos y galerías. Se trata de Ricardo Plata, un excelso dibujante e ilustrador del cómic y tabloides mexicanos, a quien por cierto, a riesgo de malgastar su energía y talento, jamás lo veré clavándose en dilemas inútiles como su servidor. Su trabajo puede apreciarse con regularidad en la finísima revista Ooorale! o en cómic’s y revistas populacheras de mal gusto: Videorisa, Chambeadoras o Mad, por mencionar algunas. Por esto último, estoy convencido que sus trazos jamás colgaran de los muros de un museo o galería “de prestigio”, aunque su técnica, destreza y habilidad con el pincel sean muy superiores a los de cualquier ilustrador exhibidos en éstas.

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Más aún, dicho artista de la tinta es culpable de carecer de lo que todo creador debe poseer si es que aspira a ganarse los aplausos: una pose. ¿Y cuál es la pose característica de la época? El pesimismo ilustrado que la mayoría de mis amigos y colegas en algún momento hemos adoptado como bandera, el cual como piensa el escritor que he olvidado, está siempre a un paso de la fatalidad de transformarse en mera frivolidad. Al igual que Robert Crumb, ese otro imperdonable del mundo del cómic underground, el Señor Plata ha intuido que la mejor forma de crear es el exilio y la automarginación, alejarse de la liviandad de poses y posturas que a muchos convierte en estúpidos, incluso si antes fueron lúcidos e iluminados.

 
 

 

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Es probable, que a falta de talento y siendo un ferviente admirador de la filosofía de Schopenhauer, me sea imposible abandonar mi radical pesimismo ilustrado y mi execrable vicio por citar constantemente las obras de otros. Lo siento, pero no todos somos capaces de crear con nuestras propias manos lo que el Señor Plata hace con las suyas. Dejo aquí su último trabajo y un par de links donde pueden apreciar sus trazos.
 

 

 

 


Para una ontología de la red #1 (o divagaciones en torno al Youtube)

Agosto 25, 2008

El mundo como espectáculo virtual es una obra de arte total.

Eduardo Subirats.

Pantallas. Pantallas por todos lados y en todas partes. Imágenes y ventanas hacia otros mundos y otras realidades inundan nuestras vidas. Éste es el credo que el filósofo barcelonés, Eduado Subirats, en su libro Culturas Virtuales, reza sobre nuestros tiempos. Y no se equivoca, puesto que prácticamente nadie puede escapar a este fenómeno.

En este momento millones de personas contemplan en sus televisores como los atletas chinos baten todas las marcas; en este momento alguien rompe los más inconcebibles récords en el Guitar Hero; en este momento alguien ameniza su fiesta con su Ipod; en este momento una pareja se promete amor eterno por el messenger; en este momento cientos de miles se masturban tomando paseos gratuitos en páginas pornográficas de la red; en este momento alguien, frente a la pantalla fría de su ordenador, sube decenas de imágenes y música gratuita a su blog, o mejor aun, y si la humanidad está de suerte, alguien escribe un par de frases irrepetibles aunque sea en la Wikipedia.

Todos estos extraños, pero comunes comportamientos, pueden agruparse en lo que Subirats define como una “existencia y efecto de pantalla”. Es decir, el mundo y la realidad convertida efectivamente en una representación…

(En el hipotético caso de que les apetezca leer el texto completo, enviar un correro electrónico a mrbestia69@hotmail.com, o bien, si son de espíritu generoso, favor de abonar a este chico empobrecido y limosnero unos cuantos pesos a la cuenta 1361974935. Ahora que, si son chicas y están buenas, tal vez podríamos llegar a un buen acuerdo). 

 

 


Rich against the philosophers # 2

Julio 31, 2008

En el apogeo de la contrailustración romántica germana del siglo XVIII, el filósofo y poeta Friedrich Schlegel escribió: “Piensa un ser finito creado para lo infinito y entonces pensarás al hombre”.

Sí hay algo que nos une y nos hermanda es el hecho innegable de que, aunque estemos sumidos en el fondo de una zanja, siempre estamos apuntando hacia lo infinito, hacia al espíritu. Por eso también el mísero devenir de la historia humana puede entenderse como la insaciable e insignificante sucesión de tragicomedias personales, sin superaciones espirituales o finales felices, sin sentido, fundamento o razón aparente más que su fluir absurdo. Somos la masturbación inmunda y obscena del Espíritu. Puta madre. ¿Cuándo despertaremos para percatarnos que estamos parados en medio de arenas movedizas? ¿Qué cúmulo de estupideces más habremos de inventar para olvidar, si acaso por momentos, la mala jugada que son nuestras existencias?

Nadie ha dado tantas respuestas y nadie sabe más sobre estas cuestiones que los filósofos, no por genialidad sino por su increíble capacidad de enredarse en dilemas inútiles.

Durante años he deambulado por los pasillos de ese establo conocido como la Facultad de Filosofía y Letras, observándolos y escuchándolos, guardando mi distancia y evitando convertirme en uno de ellos. Cada nuevo ciclo de clases que comienza me he inscrito con el firme propósito de terminar la Licenciatura de Filosofía. Sigo sin lograrlo. Asisto a algunas clases, bromeo con algún viejo conocido, me deslizo por esos corredores como un zombie, y de vez en cuando le quito las pantaletas a una chica. También, a manera de ritual, ratifico cada semestre ante algún despistado de nuevo ingreso la siguiente convicción: toda está perdido y jodido de antemano, en consecuencia, lo más inteligente que podemos hacer es sumergirnos en nuestro propio ocaso, abnegando cualquier deseo de la voluntad.

Eventualmente, tanto caminar por esos pasillos inertes, viendo todos esos rostros, escuchando todas esas voces, opiniones y posturas de estudiantes y maestros, me hace sentir vértigo. Tantos cuerpos aleteando sin parar, empecinados en corregir el error de nuestra aparición en el mundo, me imposibilitan el pensar. No soporto esos cuerpos que se regodean sin parar en su desmesurada confianza y optimismo, que tienen esperanza en el futuro y en sí mismos, que quieren un rector no alineado al neoliberalismo económico, que claman por detener las guerras e invasiones a cambio de petróleo, que desean salvar a las focas, al oso panda y las ballenas azules, que buscan revertir el calentamiento global, el hoyo en la capa de ozono y la deforestación de la selva amazónica, que piden la legalización de los matrimonios gays y la marihuana, que fantasean con amarse sin violentarse, dando vueltas juntos por siempre de la mano, en un mundo libre, justo y generoso.

Pero esto no es lo peor. No contentos ni satisfechos con su brillante desempeño como agentes del cambio sociohistórico, todavía se atreven a decir que estamos en un bache histórico, que el vacío y el desierto nos inundan, que la humanidad entera está cagada de miedo, que es el fin de todas las grandes ideas, que presenciamos indiferentes y adormilados la destrucción de todo lo bueno y bello de este mundo, incluido por supuesto, a nosotros mismos. Desgraciadamente no es así. No tenemos tanta suerte, y aunque el mundo entero se desboque, siempre habrá algún necio intentado salvar algo, cualquier cosa. Una prueba de esto es precisamente el establo del que hablo. Nada se puede contra la pasión y fuerza de la voluntad, que ciega e irrefrenable nos empuja a cometer los actos más incompresibles y disparatados como poner hombres en la órbita terrestre, inventar inodoros que hablan o clonar ovejas.

Es la punta del iceberg de la Historia y ya hay una multitud de maricas que se derriten como el culo más caliente. Es el intermedio de un film sin argumento y ya gritan histéricos y afeminados el final de los tiempos. No hay Apocalipsis, no viene el Mesías ni el superhombre, no hay revolución social, y mucho menos un Fin de la Historia. Pero nada de eso implica una tragedia. La incesante y larga cagada que los románticos alemanes bautizaron como el Espíritu (la serie de configuraciones del decurso histórico humano, ahora sin propósito ni finalidad más que su propio acontecer) comienza apenas por tirar sus primeros mojones.

Yo, por lo pronto, continuaré leyendo a Schlegel pero claudicaré en mis caprichosos intentos por ser filósofo. Al menos no otro más formado en la inutilidad de la academia. No soy tan sensible. Mejor, iré a una cantina y si tengo algo de suerte y me emborracho, escribiré algo.

 

 

 


Rich against the philosophers #1

Junio 3, 2008

La llama más bella e intensa de la antigüedad, Heráclito de Efeso, sentenció: “Anduve buscándome a mí mismo”. (Fr. 101, Plutarco, adv. Colot 20. 1118 c)

No es de sorprenderse, puesto que las máximas délficas de la época rezaban: “Conócete a ti mismo” y “Nada en Exceso”.

Al igual que el filósofo de los contrarios, la dialéctica y el cambio me he buscado a mí mismo.

Hasta el momento no me ha gustado nada de lo que he encontrado.

Por eso afirmo: “Destrúyete a ti mismo. Todo en exceso”.

 

 


¿Qué diría Lévinas?

Junio 3, 2008

¿Cuántas veces, parafraseando la frase de Ed Kemper, el “gigante asesino” de Sacramento, no hemos deseado ver la cabeza de nuestro vecino, del prójimo, pinchada en un palo?

No quisiera hacer ni remotamente juicios universales, pero al menos quien esto escribe, todo el tiempo. En especial cuando me piden limosna en las calles, me mientan la madre en el tráfico, me despiertan a medio día para venderme una tarjeta de crédito o dejan embarrada en el suelo la mierda de su perro. Tal vez tú, que me lees, seas mejor intencionado, o bien, alguno de estos necios.

Pero lo cierto es que la gran mayoría no descuartizamos ni fornicamos con la cabeza mutilada de nuestra vecina (como hizo el buen Ed) aunque en el fondo, me parece, lo deseamos secretamente.

¿Qué diría Lévinas al respecto?

En una serie de entrevistas realizadas por Philippe Nemo a Emmanuel Lévinas, editadas bajo el título Ética e infinito, el filósofo lituano nos ofrece algunas pistas del porqué los impulsos reprimidos de unos se transforman en la realidad cotidiana de otros. “En el rostro del otro –afirma- hay una pobreza esencial: Prueba de ello es que intentamos enmascarar esa pobreza dándonos poses, conteniéndonos. El rostro está expuesto, amenazado, como invitándonos a un acto de violencia. Al mismo tiempo, el rostro es lo que nos prohibe matar”.

En la epifanía del rostro del otro (ese otro que siempre es un infierno para Sartre) se combinan tanto nuestras más recónditas y brutales tentaciones como nuestra capacidad para elegir rechazarlas.

De ahí que Lévinas asegure más adelante que la máxima prohibición de la civilización Occidental es “No matarás”, y que incluso, pasando por alto éste imperativo “se pude matar al otro; la exigencia ética, no es una necesidad ontológica”.

Por eso la Ética, recalca a lo largo de ensayos como Totalidad e infinito; ensayo sobre la exterioridad y El humanismo del otro hombre, es anterior a la Ontología. La Ética es la filosofía primera.

Evidentemente, Ed Kemper nunca leyó a Lévinas. Como tampoco Lévinas se enteró de la existencia de Kemper. Pero aunque esto último hubiera sucedido, las reflexiones que arroja el pensamiento de Lévinas entorno a la ética y a la prohibición fundamental de destruir al otro, no son aplicables para tipos como Ed.

Entre 1964 y 1973, Edmund Emil Kemper se entregó a un frenesí de sangre: asesino, mutiló, descuartizó y fornicó con las cabezas, órganos y partes de los cadáveres de los aproximadamente diez seres vivos que se cargó, incluyendo guapas colegialas, sus dos abuelos maternos, su madre, y sí, hasta al condenado gato de la familia.

Finalmente, después de haber violado el cráneo de su madre (sin duda el verdadero objetivo de Kemper), se entregó a la policía voluntariamente y fue declarado culpable de ocho asesinatos en primer grado. Cuando le preguntaron qué castigo pensaba que merecía contestó cínicamente que “la muerte por tortura”.

Frente a tal hijo de puta hasta el pensamiento más puro, con todo el respeto que me merece el buen Emmanuel, es inservible. Sobre todo porque era plenamente consciente de sus actos. Veía el rostro del otro, contemplaba la discontinuidad que abría en el mundo, y con todo, le importaba un pito y decidía destrozarlo deliberadamente.

Su famosa frase (mal atribuida a Ed Gein en la película American Phsyco, basada en el libro homónimo de otro cabronazo de nuestros tiempos: Bret Easton Ellis) es muy clara al respecto: “Cuando veo a una chica bonita en la calle, un lado de mí dice: ‘que chica tan atractiva, me gustaría hablar con ella, tratarla bien, salir con ella’, pero otra parte de mí se pregunta cómo quedaría su cabeza pinchada en un palo”.

Tan simple como eso. Y ni las ideas más nobles y humanistas pueden contra este incontenible deseo. Siempre habrá un grandísimo canalla que decida joder todo. A veces hasta se inspiran en las ideas. Allí están los políticos, dictadores y caudillos. Uno de estos, por cierto, es el responsable del confinamiento de Lévinas de 1940 a 1945 en un campo de concentración, además del genocidio de seis millones de judíos, entre los que se encontraba la familia entera del filósofo.

¿De dónde salen todos estos tremendos hijos de puta? ¿Dónde se gestan y quién los alimenta? El materialista histórico culpa a las determinaciones socioculturales; el psicoterapeuta al abuso infantil; el moralista conservador a la alienación cultural y al derrumbamiento de todos los valores; el científico a una predisposición neurológica hacia la violencia; y el criminólogo afirma que todo lo anterior. Pero nada de esto explica satisfactoriamente tales actos.

Que a Kemper lo encerraban en un sótano de pequeño y por eso creció traumatizado y odiando a su madre, sí, ¿y? A otros los han violado metiéndoles un palo oxidado en el culo y no fueron capaces de matar ni una mosca.

Me parece que todo se reduce a la manera en que elegimos exorcizar nuestros demonios o, en palabras del filósofo, en como “el Deseo alimenta sus propias hambres y aumenta con su satisfacción; que el Deseo es como un pensamiento que piensa más de lo que piensa”.

Algunos hacen filosofía y otros arte, algunos escalan el Everest o buscan a Dios, y otros, bueno, engullen y descuartizan al vecino. Y esta es también, al menos en el caso de Edmund, una elección ética.

Pero ese Deseo, a decir de Lévinas, deseo de traspasar nuestros límites, de conquistar, de someter, de violentar al otro, de regodearse en la sensación del poder, sigue ahí y persiste hasta al final, como una sanguijuela que te chupa por dentro.

Ya sea escalando la montaña más alta del mundo, cogiéndote a la mujer más buena o bañándote con la sangre del prójimo, nunca nada es suficiente para satisfacerlo. Y al final sucumbes a él; engullido, drenado, vacío.

En esto, quizá, sea en lo que coinciden Ed Kemper y una multitud de “malvados” artistas y escritores: en el Deseo insano por lo abyecto; en lo otro que horroriza y hace gozar al mismo tiempo; en el sadismo secreto que implica contemplar el exterminio del mundo.

La diferencia estriba en que en esta sucia perversión, en este desprecio total del mundo, el primero que se lanza al abismo y a la muerte es uno mismo. Esto me gusta de ciertos escritores, artistas y creadores, a saber, que en su absoluta falta de compromiso con los ideales de conservación y bienestar de la masa, son capaces, al mismo tiempo, de crear por sí solos un punto de vista propio aun a costa de su propia vida.

Ciertamente los Kemper del mundo seguirán existiendo, aterrorizando y jodiendo al otro. Es algo inevitable. En cuanto a mí, tan sólo me queda la esperanza de no ceder nunca al impulso de pinchar las cabezas de mis latosos contemporáneos en un palo. Pero carajo, qué difícil se hace a veces.

 

Nota del autor:

El texto anterior puede ser releído acompañado con algo de música e imágenes estresantes, fragorosas, que desternillen tus sentidos. Propongo el nuevo video de JUSTICE, cuyo título reza “Stress”.

Un videito bastante bueno sobre una pandilla de negritos que andan rompiendo cráneos por todas partes. La referencia a los disturbios raciales de hace dos años en Francia y otras partes de Europa es notable. Échenle un ojo.