Jalisco, mon amour

 Y es que no todos los congresos son acontecimientos dichosos y hedonistas, ni todos los ambientes de los congresos son lujosos y pintorescos…
David Lodge. El mundo es un pañuelo.

Todo iba de huevos hasta que se escuchó diciendo la siguiente frase estúpida: “Somos artistas, somos creadores”. Así gritó el chico Montefiori una y otra vez al ser detenido por un grupo de policías en Lagos de Moreno, Jalisco. En esta joya de la colonia mexicana, situada al norte de los Altos de Jalisco y fundada en 1563 con el nombre de Villa de Santa María de los Lagos, donde ahora se han secado todos las lagunas y no quedan más que charcos, donde la gente no levanta ya más la cabeza al grito insurgente (como el criollo Pedro Moreno que junto a los lagos circundantes dan al poblado su nombre), donde ya no quedan revolucionarios insurrectos ni curas cristeros, el chico Montefiori, todavía con cerveza en mano, apenas y siente las leves palmadas que sobre su cabeza y espalda le propinan los agentes de la ley. Un cóctel de vodka, bacardí limón y cocaína recorre sus vías sanguíneas anestesiando todos sus sentidos. Es puesto contra la pared y revisan su cartera y documentos. ¿Cuánta cocaína carga consigo? Al pensar en ello su corazón se acelera y siente que sus músculos y carne se aflojan. Un latigazo de angustia lo recorre de pies a cabeza. Para su fortuna, el fotógrafo, que ya intercede por él, heroico y salvador, regaló su droga horas atrás, a una rubia enorme y con cara de hombre, mejor conocida en el medio musical como Afrodita, “la reina del palenque”. Bajo el manto de la cálida noche jaliciense alegan su inocencia con los policías locales de aquel pueblo infame. Borrachos y ridículos, esgrimen los argumentos más absurdos sin poder expresarlos con claridad. “Te doy veinte pesos, te doy veinte pesos”, ofrece una y otra vez el chico documentalista al hombre de azul, quien ofendido por tan irrisoria cantidad lo esposa de inmediato junto al fotógrafo.

Dos "genios creadores", arrastrados por un destino trágico e insólito.

Habían llegado al magno Congreso Nacional de Contracultura, cuyo propósito nunca se ha entendido, a presentar un documental que nadie vio y a nadie le importó. En el fondo sabían que era un viaje inútil y absurdo, pero ante la oportunidad de poder escapar de la cloaca capitalina aceptaron la invitación sin deliberarlo demasiado. Horas antes el fotógrafo, con sus dos metros de altura, caminaba despreocupado por las calles empedradas del pueblo, sin imaginar lo que pasaría. Llevaba puesto sus tenis Vans estampados de estrellitas, una playera con franjas horizontales de colores y su cámara fotográfica colgada a la cintura. El chico Montefiori, con grandes ojeras y barba de tres días, se había ataviado con unos jeans rotos y una playera demasiado ajustada que hacía resaltar sus pezones.

Por fin serían reconocidos por su arduo trabajo. Por fin contemplarían su genialidad como videoastas. Optimistas y pretenciosos imaginaron al público estallando en olas de aplausos ante su creación. Pensaban en deslumbrar al respetable con sus conocimientos y palabras. Hasta fantaseaban con la posibilidad de ligarse a un par de hermosas niñas jalicienses bien culonas y de boca mamadora. Por eso desde su llegada decidieron embriagarse y consumir descomunales cantidades de drogas para estar a la altura de las circunstancias. “Un artista y un creador que no es excéntrico nunca es un genuino artista o creador”, comentaba Montefiori a su colega.

A la hora de la comida arribaron a una cantinita muy acogedora: “El cisne vergón”, famosa por sus bajos precios y la droga que allí se mercaba. El cantinero, un viejo panzón y con cara de guante de box los recibió con gusto y lleno sus organismos con alcohol y algunos gramos de mierda alcaloide. Allí conocieron a Javier Becerra, el carpintero local, del cual obtuvieron su teléfono para futuras colaboraciones artísticas.

(En el hipotético caso de que les apetezca leer la crónica completa, favor de envíar un correo electrónico a mrbestia69@hotmail.com, o bien, si son de espíritu generoso, favor de abonar a este chico empobrecido y limosnero unos cuantos pesos a la cuenta 1361974935. Ahora que, si son chicas y están buenas, tal vez podríamos llegar a un buen acuerdo)
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5 pensamientos en “Jalisco, mon amour

  1. justo hoy platicaba con unos cuates sobre las oportunidades de negocio. Sólo hay que verlas claramente y trabajar en ellas.
    Buen texto este. No daré un peso porque lo tengo completo… pero usted sigale.
    Un saludo. Este año no hicimos docu nada… reunámonos pa’chambear en algo realista…
    Todo es merca, qué maravilla¡¡¡

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